La revuelta de los chalecos amarillos

Rosario Media

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La revuelta de los chalecos amarillos


Adriana Rossi

Analista internacional y Directora del Observatorio de los Conflictos Armados


Sin estructura, sin líderes, sin portavoces, sólo con mensajeros que rápidamente fueron remplazados, miles de personas bajaron a la calle en toda Francia, con sus chalecos fluo; los que todo conductor de automóvil debe tener en su auto. Autoconvocados por redes sociales manifestaron su bronca contra el gobierno de Emmanuel Macron por el alza del combustible debido a una tasa a la emisión de carbono aplicada para detener el calentamiento global.  Las protestas empezaron el 17 de noviembre y dieron el brazo a torcer al presidente que en estos días eliminó no sólo ese impuesto que hizo enfurecer a la población, sino también el aumento del gas y de la electricidad.

¿Quiénes son los chalecos amarillos?

La mayoría de los manifestantes son de clase media y de todas las edades, muchos de los cuales jamás en su vida participaron de protestas callejeras. Son trabajadores que sufren una permanente caída de su poder adquisitivo y que se perciben no escuchados e ignorados por gobernantes y políticos. Si el detonante fue ese impuesto al carbono, que aunque mínimo afecta considerablemente a todos aquellos que para llegar a sus lugares de trabajo necesitan viajar en auto, más transportistas, productores, comerciantes y agricultores, los reclamos se fueron multiplicando a otras áreas, poniendo de manifiesto el malestar profundo de una sociedad.

A ellos se unieron jóvenes aguerridos que tornaron las manifestaciones pacíficas en hechos violentos con barricadas, enfrentamientos con la policía que reprimió duramente-hubo muertos, heridos y apresados– y con incendio de autos y de inmuebles, un restaurante y un hotel en pleno centro de París. Se habla de inflitrados de la extema derecha que quisieron capitalizar el fenómeno, de ultraradicales de izquierda que quieren la revolución o de provocadores cuyo objetivo es desacreditar la protesta.

Antisistema o cambio de sistema

Las manifestaciones no nacieron promovidas por partidos ni sindicatos ni organizaciones sociales, que se fueron plegando posteriormente. Parecen ser producto de una tendencia antisistema que recorre el mundo. A pesar de ello, la mayoría de sus protagonistas no se perciben como tales. Más que antisistema piden cambios profundos al sistema mismo.

El ejemplo cunde

Los chalecos amarillos hicieron escuela. Surgieron en Bélgica en la zona francófona ante la mirada un tanto perpleja de sus compatriotas flamencos, muchos más ricos y fueron imitados por los habitantes de un país africano, Burkina Faso. En Uagadugú, la capital, fueron a la calle con camisas rojas para protestar contra el gobierno por las mismas razones que los franceses.

Chalecos amarillos y camisas rojas salieron en contra de la concentración de la riqueza, y el empobrecimiento de la sociedad, en contra de la sordera de una clase dirigente que sólo presta atención a quien más tiene, Francia, o se adueña de los bienes del Estado, Burkina Fasso.

El malestar serpentea, la rabia explota. Un manifestante belga afirmó que la tercera guerra mundial ya empezó y será una guerra que se va a librar en el terreno de lo social.